No importa cuántas veces las repita, éstas son promesas que ningún hombre podrá mantener
`Todos los años, José hace lo mismo", se quejó conmigo Rosa, su novia, mientras nos tomábamos un café. "Ya estamos en marzo y aún no ha dado señal de que va a cumplir ni una sola de las resoluciones de Año Nuevo que me prometió".
Aunque me moría de curiosidad por saber qué había prometido José, me limité a encogerme de hombros y sonreír. Pero al parecer a Rosa no le gustó mi actitud, porque enseguida me enfiló los cañones y me incluyó en el potaje: "¿Por qué es que ustedes, los hombres, nunca pueden mantener su palabra?", me dijo en tono amenazante. Y como sin comerla ni beberla ya me había acusado, eché la discreción a un lado y me puse a averiguar a qué se refería. ¿Y saben de qué se trataba? Pues otra vez José le había prometido que este año acabaría con esos malos hábitos que tenemos los hombres, que tanto irritan a las mujeres.
Aquí te menciono algunos de ellos y te añado la explicación de mis congéneres sobre por qué es imposible que tu novio alguna vez cumpla estas resoluciones, no importa cuánto te quiera.
Expresar sus emociones
"Sí, mi novia también me pidió que en el 2006 fuera más expresivo", admitió Rolando cuando le comenté lo ocurrido. "Pero yo sé que si le confieso que se me cae la baba por ella, me sentiré vulnerable. Por eso me he estado esforzando para que sean mis actos, no mis palabras, los que hablen por mí. Pero ¡qué va! No funciona. Ella sigue con la cantaleta de mi falta de expresividad. ¿Por qué no puede entender que si la trato como una reina es porque eso creo que es?"
Roberto, sin embargo, tiene una explicación diferente: "Si bajo la guardia y me pongo a hablar de mis sentimientos, mi novia hará una de estas dos cosas: se pondrá a gritar porque no le gusta lo que digo o me obligará a estar repitiéndole lo mismo durante ocho horas seguidas. Ya lo he comprobado, con las mujeres es mejor seguir fiel a aquello de: 'En boca cerrada, no entran moscas' ".
Pedir ayuda
"Sí, lo reconozco: es desquiciante lo que hago algunas veces", confesó Raúl. "Carmen y yo salimos para una fiesta con bastante retraso, estamos perdidos y ya hemos pasado cinco veces por la misma esquina, pero aun así yo me niego a preguntarle a alguien cómo llegar, no importa cuánto me lo pida. ¿Por qué? Porque si pido ayuda, ella y todos los demás van a decir: 'Vamos a darle una mano a esta patética imitación de hombre' ".
¿Lo entiendes ahora? Sería más fácil preguntar, pero ten paciencia; más tarde —o requetetarde— encontrará el camino... y entonces te lo agradecerá.
Ser más ordenado
"Lo juro que yo trato, pero no puedo", aseguró Daniel. "Yolanda se molesta porque cada vez que me pide que trate de ser más ordenado yyo le digo que voy a serlo —de hecho, trato de serlo—, no lo consigo . Ella ve lo que yo no veo, por eso me acusa de no cumplir mi promesa. Le digo: 'Mi amor, te dejé el cuarto impecable', y ella viene y encuentra polvo donde yo estoy seguro que sacudí, vuelve a tender la cama porque 'es un desastre', y apunta hacia los tres pantalones, las cinco camisas y las diez corbatas que están sobre la butaca. Pero ¡si están sobre la butaca, no en el piso...! ¿Cómo alguien puede llamarle a eso desorden?"
Mirar a otras mujeres
"Claro que los excesos son malos", prosiguió Luis. "Pero Rebeca espera que yo mire al piso si una chica linda se me para delante o que cambie el canal si de repente aparece una mujer en bikini. Esa es una resolución que no hay hombre que cumpla! Para empezar, tendrían que cambiarnos el cerebro porque nosotros somos criaturas visuales, funcionamos más con el hemisferio derecho, mientras que ellas funcionan con el izquierdo, por eso son tan verbales. Es algo biológico con lo que no podemos luchar".
Y para concluir, el propio José añadió: "Además, la verdad es que a veces sólo miramos para comparar y pensar: "Mi novia es más linda que ella". ¿Que no le creen? Bueno, no las culpo. Después de todo, él también le prometió a Rosa que este año no diría más mentiras.
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